Cinematografía Brasileña

CORTOMETRAJE

CURUPIRA E A MÁQUINA DO DESTINO

por Carine Wallauer

Mi producción artística, sea em fotografía still, fotopintura o cine, transita entre lo que es objetivo y aquello que es sensorial. Es técnico, como no podría dejar de serlo, pero también es muy sensible. Más que un deseo de representar algo, creo como vivo – entre mundos posibles –, y de alguna forma eso se hace palpable también para aquellos que interactúan con mi trabajo. Cuando hago fotografía me conecto más a las sensaciones que a cualquier otra cosa.

 Entré al proyecto del corto “Curupira e a Máquina do Destino” ¡un día antes de viajar! Tuvimos uno o dos días de visitas a la locación y para la elección de elenco, todo compuesto por habitantes de Realidade, distrito del Amazonas. La directora ya tenía más familiaridad con los lugares, pero la elección definitiva de los cuadros fue realizada a partir de sugestiones mías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Grabar en

la selva es siempre una

aventura

Utilizamos una cámara Blackmagic Pocket 4K, lentes Zeiss, Trípode, Cinesaddle y luz natural, prácticamente durante toda la cinta. El presupuesto era menos que bajo, así que para las nocturnas utilizamos las luces disponibles en los mismos lugares – con algunos ajustes – además de faroles de carro, velas y encendedores.

Hubo mucha improvisación. Soy alguien conectada a las sensaciones, abierta al azar y acostumbrada a trabajar en proyectos con poca estructura. No tuvimos mucho tiempo para planear cómo sucederían las cosas, fue más a la “quien sabe, sabe”, a lo “quien sabe hacerlo lo hace en vivo”. En la secuencia del camión yo estaba sentada con el Cinesaddle en el regazo y con mi asistente agarrándome. Yo misma estaba haciendo el foco con la misma mano (fue así durante todo el rodaje). No pensé en estabilizar primero porque no teníamos estructura ni equipo para eso en el momento de la grabación, y porque a mí, particularmente, me gusta esa energía que viene del movimiento.

Grabar en el interior es siempre una aventura. Las condiciones técnicas están lejos de ser las que ideamos. El operador del dron era alguien de la región y tenía apenas una tarjeta de memoria y una batería. Como entré a la película un día antes de viajar, con muchas cosas que resolver, no pude conversar con él antes para poder revisar qué se necesitaba.  Entonces, si no me engaño, pudimos rodar apenas dos planos tras una charla bastante objetiva sobre lo que yo esperaba – ¡y salió bien!

Dibujos, colages y storyboard:
Janaína Wagner

Dibujos, colages y storyboard:
Janaína Wagner

Luz natural y luces disponibles

 

 

Sobre la escena del bar no recuerdo exactamente cómo fue todo, pero básicamente usamos la estructura de iluminación del mismo lugar, con algunas adecuaciones. Colocamos unas lámparas más potentes en determinado punto, otras las apagamos. Fue un diseño de luz difícil por la limitación que teníamos. Janaína también había llevado una luz de color, suya. Aquel azul, para mí, viene de una admiración e identificación con el trabajo de Luiz Braga, que tan bien captó las noches amazónicas. Eso se alcanza a sentir un poco.

No tuvimos mucho tiempo para pruebas más exactas. Dedicamos más atención a cosas específicas sobre las que Janaína tenía más dudas. Ella estaba recibiendo orientación y retorno de la persona responsable por la postproducción.

Un cielo característico de las quemadas

El color fue hecho en Francia, entonces mi contribución sucedió toda remotamente. Janaína iba mandándome imágenes durante el proceso y pude hacer los ajustes con ella. El color es un elemento fundamental en mi trabajo creativo, de modo que la corrección es un momento en el que suelo participar e interferir bastante. Muchas veces yo misma hago el color. Eso se hace evidente si pones juntos mis proyectos personales y aquellos en los que contribuyo, porque hay una unidad cromática. El verde de la vegetación propuesto inicialmente por Janaína era más cálido/saturado, mientras que yo propuse que fuéramos por un camino que nos llevó al tono definitivo. Nuestro objetivo era traer la sensación de un cielo característico de las quemadas en el Amazonas, ese naranja que es casi táctil, que es familiar y causa extrañeza al mismo tiempo.

chroma key

La curupira

invisible

 

El chroma key fue llevado a cabo en la misma selva. La actriz, que también era la productora, usó una ropa de chroma que después sirvió como base para el trabajo de postproducción.

Rompimos el espejo en diferentes proporciones, y a partir de algunas pruebas identificamos el que más se adecuaba a nuestras expectativas. A partir de entonces fuimos experimentando con diferentes planos, con distintos abordajes técnicos. Conceptos como presencia y ausencia, lo que es físico y lo que es subjetivo/ espiritual/ memoria/, están presentes en esas elecciones.

Hicimos algunos planos solamente del fuego cuando volvimos a São Paulo para que Janaína pudiera explorar las posibilidades en la postproducción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

iluminación

Niños en la

oscuridad

Todo lo que teníamos era una cantidad limitada de velas, encendedores y los faroles de un carro. Janaína preparó a los niños y desde ahí todo fue tal cual del modo que fue saliendo. Yo me quedé tranquila porque creo que la belleza y la poesía están en cualquier lugar, en cualquier contexto, en cualquier condición – a pesar de las limitaciones. La gente necesita sentir, conectarse con las demás personas. Todo sucede.

 Es muy diferente trabajar con diferentes directores-artistas que con aquellos que provienen de una formación en cine, con una trayectoria técnica en ese sentido, y con un entendimiento de las lógicas del set. Además de fotógrafa, también soy directora y artista visual – de tal forma que transito bien por diferentes mundos creativos y por sus procesos. Entiendo mi papel en esa estructura y construyo mi espacio con respeto, colocando mis puntos y aportando lo que es propio y único de mi mirada.

ENTREVISTA CON LA DIRECTORA DEL CORTOMETRAJE

Janaína Wagner 

 

¿En qué momento de su proceso creativo surgió la idea del cruce entre la Curupira y la película «Iracema, uma Transa Amazônica»?

Siempre he estado interesada en comprender cómo nuestra sociedad se estructura subjetivamente. Al comienzo de mi vida artística trabajaba mucho con arquitectura, construcciones y formas que crean barreras entre lo humano y el resto del mundo. Cuando las primeras cercas y límites de propiedad son construidos, y el adentro y al afuera se separan, es el inicio de la Historia con H mayúscula. Fui pasando por las varias formas en las que nuestra especie construye estructuras subjetivas. En el 2016 hice una residencia en Belo Horizonte con un proyecto de investigación sobre los campos de minería de Minas Gerais y sus paisajes artificiales. Son construcciones humanas esculpidas con la tierra carcomida, huecos enormes. En ese momento yo indagaba en la literatura histórica sobre los hombres-lobo y el Leviatán, sobre el hombre-lobo-del-hombre. Interpreté los campos de minería como grandes bocas de lobos construidas por el hombre para que se tragaran a sus semejantes. Eso se convirtió en un video llamado «Lobisomem», (Hombre-lobo), grabado con un dron que sobrevuela una explotación de minería de hierro. Entonces encontré la clave para trabajar con personajes que pueblan nuestro imaginario. Las historias de hombres-lobo aparecen en la Grecia Antigua, pero llegan a Brasil como instrumento de colonización, cuando los portugueses decían que los niños indígenas se volverían hombres-lobo si no eran bautizados. Desde ahí otras criaturas fueron apareciendo, relacionadas a cuestiones sociales. La Curupira tiene ese fuego autónomo, una “llama sin pabilo”, como dice la canción del Clube da Esquina. Varias historias que investigué sobre la Curupira la identifican como protectora y propietaria de la selva, que crea una barrera contra la explotación. Ella es una fuerza del caos, del cambio. Es un Prometeo al contrario, que devuelve el fuego a la tierra. Al escribir el guion y crear los bloques de escenas con dibujos y pinturas, noté que el futuro necesitaba estar en las manos de una niña muy joven. De manera casi mágica caí en cuenta de que esa niña ya existía. Ella es Iracema. Son los fantasmas de Iracema lo que quedan. Ella y otras niñas siguieron rondando esas estradas. La realidad de las niñas que pedían aventones en camiones sigue repitiéndose.

¿Cuál es su vínculo con el Amazonas?

Soy de São Paulo. No soy del Amazonas, pero el problema de la selva nos inquieta a todos. Creo que mi mirada foránea puede ser interesante. Me arriesgué a adentrarme en ese territorio. Antes de grabar el corto hice tres viajes y conocí lugares muy distintos entre sí, puesto que hay muchos Amazonas. En el 2019 también llegué a hacer un video llamado “Cães Marinheiros” (Perros Marineros), que tenía al río como escenario. En “Curupira e a Máquina do Destino”, el paisaje está cortado por carreteras de tierra, ya no por el agua. Fue a través de “Iracema, uma Transa Amazonica” que el mundo vio, por primera vez, el Amazonas siendo destruido en la época de la construcción de la autopista Transamazónica. La película se estrenó en Europa en 1974 porque fue censurada en Brasil. Resolví traer todo eso al presente. Recreé el decoupage y los movimientos de cámara de algunas escenas. Reproduje, por ejemplo, con la misma tipografía, el letrero de un camión que aparece en la película original, con la frase: “Del destino nadie escapa”. Trabajo mucho con collages, no sólo como referencias sino para mostrar cómo esas realidades se acumulan. La canción “Máquinas Humanas”, de 1973, suena en las dos cintas, pero en mi corto es una nueva versión, un brega cantado por una mujer, Luzirene Cavaquinho.

¿Cómo trabajó con Carine Wallauer en la dirección de fotografia a partir de imágenes que tu ya habías construido en investigaciones, dibujos, pinturas, collages y fotos?

Rodamos en febrero del 2021, en el auge de la pandemia, apenas después de un periodo más rígido de lockdown. Había otra directora de fotografía en el equipo, pero necesitamos sustituirla a última hora porque su prueba resultó positiva para Covid. Carine entró al proyecto un día antes de nuestro viaje, 12 horas antes de embarcar. Los equipamientos ya estaban definidos, pero todavía hubo tiempo para ir a la renta y hacer algunas pruebas, y entonces decidimos cambiar la Sony Alpha por la Black Magic, porque era más liviana, porque Carine tenía más familiaridad con esa máquina y por un asunto de profundidad del color. En las grabaciones usamos apenas un trípode, tres lentes fijos y la cámara. Yo quería que la fotógrafa fuera una mujer del mismo modo que había invitado a Marcela Santos para el sonido, a Carolina Gesser como productora y a Yuyan Wang como montadora. Yo misma fui la conductora. Mientras Carine hacía el logging en la madrugada yo salía a comprar pizza. Fueron 9 días de viaje y 5 días de rodaje. Yo sabía exactamente lo que quería estética y conceptualmente. La dificultad era materializarlo porque muchas cosas pueden salir mal al momento de transformar un diseño en realidad. La escena del bar, por ejemplo, era durante el día, pero decidimos hacerla por la noche porque nos dimos cuenta de que quedaría más bonita. Vitória Pereira, la actriz que interpreta a Iracema, entró a la cinta un día antes de grabar con ella. Cuando llegamos, el tiempo estaba nublado. Por suerte el cielo se abrió y pudimos trabajar mejor el color, aunque la polvareda de la carretera interfería también sobre los tonos del verde de la selva.

Dibujos, colagges y storyboard:
Janaína Wagner

SINOPSE DE «CURUPIRA E A MÁQUINA DO DESTINO»

Filmado no Amazonas, em fevereiro de 2021, na Estrada Fantasma BR-319, Transamazônica BR-230 e no Distrito da Realidade, o curta-metragem é o encontro entre uma curupira e o fantasma encarnado de Iracema, personagem fictícia do filme «Iracema, uma Transa Amazônica» (1974), de Jorge Bodanzky e Orlando Senna. Na fratura do tempo, como cicatriz que corta a terra, existe no Amazonas uma estrada em linha reta chamada Estrada Fantasma. Aberta feito ferida durante a Ditadura cívico-militar que enredou o Brasil nos brados da ordem e do progresso, o vergalhão de asfalto que vara o país foi construído, destruído e se afoga agora em um processo de reconstrução. Ruína morna de um futuro viciado. O projeto foi desenvolvido por Janaína Wagner em uma residência artística no Le Fresnoy Studio National des Arts Contemporains, na França.

Diretora, produtora, diretora de arte e motorista: Janaína Wagner
Fotografia: Carine Wallauer
Assistente de câmera: Christyann Ritse
Chroma Key: Carolina Gesse
Drone: Bruno Graziano e Patrique Costa
Modelização 3D: Felipe Meres
Montagem: Janaina Wagner e Yuyan Wang

MINI BIO

www.instagram.com/wallauercarine 

Carine Wallauer es artista visual, fotógrafa, directora de fotografía y documentalista. Por la cinematografia del corto «Temporal» (2017), obtuvo el Trofeo Kikito del Festival de Gramado y ha sido finalista del Premio ABC. Firmó también la dirección de fotografía del largometraje «Irmã», de Luciana Mazeto y Vinícius Lopes, seleccionado para a muestra Generation del Festival de Berlín en el 2020,  y del corto «O Último día Antes de Zanzibar» (2016), de los directores Filipe Matzembacher y Marcio Reolon. Para el Canal E! Entertainment, fotografió el documental «Vozes do E!» (2021), con la participación de actrices como Zezé Motta y Maria Bopp. Con el colectivo coreográfico Núcleo Pausa, filmó los «Performances-Observatório» (2021). Para el proyecto MOVdoc, de Uol, hizo la dirección de fotografía de la serie «Saul Klein: O Império do Abuso» (2022), disponible en Youtube. Como artista, integró exposiciones colectivas en países como Italia, Canadá, Turquía y Estados Unidos, además de hacer dos individuales en Brasil. Es autora de los fotolibros «Quando o Coração É um Caçador Solitário» (2018), «O Vazio É um Espelho» (2016) y «Visões Elevadas de Eros» (2013). Em el 2022, participó del Berlinale Talents. Comenzó su carrera en Rio Grande do Sul y actualmente está radicada en São Paulo, donde desarrolla um documental de largometraje sobre el Edifício Copan.

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